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jueves, 28 de noviembre de 2019

Carta de Iósif Stalin a Klement Gottwald, 24 de julio de 1951



«El Camarada Čepička nos ha hablado y nos ha informado detalladamente sobre las actividades de los Camaradas Slánský y Geminder. Aún creemos que las declaraciones de ofensa, sin datos que los sostengan, no pueden servir para acusar a líderes bien conocidos por su positivo trabajo. Nuestras experiencias en la lucha contra el enemigo sugieren que los acusadores recurren a menudo a calumniar a la gente honesta, tratando de esta manera de sembrar la desconfianza mutua entre los líderes del partido –así es como ellos luchan contra el partido–. Usted está en lo correcto al proceder con cautela, desconfiando de las declaraciones de acusadores experimentos respecto a la cuestión de Slánský y Geminder. Teniendo en cuenta lo que hemos recibido de nuestro personal soviético, para nosotros está claro que Slánský ha cometido numerosos errores en la promoción y envío de personas de la dirigencia. Ha demostrado ser miope y demasiado confiando. Como consecuencia, los conspiradores y enemigos han tenido vía libre para hacer daño al partido y al pueblo. Por lo tanto, nos parece que el puesto de Secretario General no puede ser ocupado por un hombre que entiende pobremente al pueblo y que comete frecuentes errores en la destinación de personal. Así pues, creo que sería correcto relevar al Camarada Slánský del cargo de Secretario General. En cuanto a la evaluación positiva del trabajo del Camarada Boyarski y su deseo de continuar trabajando como asesor del ministerio de seguridad nacional de Checoslovaquia, tenemos una opinión diferente. La experiencia del trabajo de Boyarski ha demostrado que no está suficientemente capacitado como para cumplir con sus responsabilidades como asesor. Por ello, hemos decidido llamarlo de Checoslovaquia. Si usted realmente necesita un asesor en materia de seguridad de Estado –y así lo decide–, trataremos de encontrar uno más fuerte y con más experiencia. En cualquier caso, seguimos creyendo que nuestro asesor tiene que estar guiado y estrictamente controlado en su trabajo por la dirección del Comité Central del Partido Comunista de Checoslovaquia, y en ningún caso debe sustituir a la seguridad nacional checoslovaca». (Carta de Iósif Stalin a Klement Gottwald, 24 de julio de 1951) 

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Las purgas en el Partido Comunista de Checoslovaquia de los años 50; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

viernes, 30 de diciembre de 2016

La posición de los comunistas en torno a las cuestiones del ejército en las democracias burguesas


«
Una confusión todavía mayor, si cabe, tenían que producir en las cabezas de los obreros algunas manifestaciones de diversos órganos del Partido Comunista de Checoslovaquia en punto a los problemas del ejército y de los armamentos. Indudablemente, nuestro partido obró acertadamente al intervenir en los asuntos del ejército. Indudablemente, el Partido Comunista de Checoslovaquia obró y obra acertadamente al plantear una serie de reivindicaciones concretas encaminadas a la democratización del ejército, y cuya realización puede entorpecer el abuso del ejército por el fascismo. El proletariado tiene el máximo interés en que, en la lucha contra el fascismo, el ejército no esté al lado de los fascistas, sino al lado de sus adversarios. Sería una miopía y un error funesto el que la clase obrera se desinteresase de lo que ocurre dentro del ejército y con el ejército. Ha sido y es, por tanto absolutamente acertado reclamar medidas para la democratización del ejército y luchar porque éste no se convierta en un hogar de reacción y de fascismo. Pero el aprobar la política de armamentos que mantiene el actual gobierno y el clamar incluso por el refuerzo de los armamentos, es algo completamente falso e inadmisible desde el punto de vista obrero. Y, sin embargo, se ha hecho:

«Ningún trabajador honrado de nuestra república está hoy en contra del ejército ni en contra de los armamentos. ¡El ejército merece lo mejor de todo, y si no tenemos más remedio que armarnos contra el fascismo que nos amenaza vamos todos con las armas en la mano. ¡Y queremos que estas armas sean las más posibles, que sean las mejores! El señor ministro de la Defensa Nacional presentó en la Comisión de Defensa el programa de las peticiones materiales formuladas por la dirección del Ejército. ¡Eran muchas, pero son necesarias! Si no fuesen las ganancias que tiene que embolsarse la sociedad de los hijos y los yernos, el ejército tendría en vez de un cañón, suministrado por los patrióticos fabricantes checoslovacos de armamentos, dos cañones; en vez de un aeroplano, dos; dos ametralladoras en vez de una. Todos tenemos que hacer sacrificios por el ejército. Tienen que hacer sacrificios los obreros, los pequeños industriales, los campesinos, los empleados del Estado, los funcionarios. También tendrán que sacrificar sus vidas en la guerra. Pero quieren tener la seguridad de que a costa de sus duros sacrificios nadie se embolse cientos de millones». (Artículo del diario «Rudé Právo»; órgano oficial del Partido Comunista de Checoslovaquia, 27 de noviembre de 1935)

Si uno no lo viese con sus propios ojos, no creería que en un periódico comunista pudieran publicarse cosas como ésta. Y, sin embargo, esto se publicó en el «Rudé Pravó», órgano central del Partido Comunista de Checoslovaquia. El autor del citado artículo era, manifiestamente, un elemento extraño, enemigo del proletariado y del partido. Es cierto, en verdad, que en otras manifestaciones del partido no se llega a estas espantosas tergiversaciones de los principios de clase. Pero el hecho de que después de aparecer una cosa tan inaudita no se expulsase inmediatamente del partido a su autor con látigo de hierro, como a un agente del enemigo de clase, revela que dentro del partido no había una posición clara, consecuente, bolchevique en cuanto al ejército. Parece que los camaradas han olvidado alguna de las cosas fundamentales: el problema del carácter de clase del ejército, que el carácter de clase del ejército lo decide el hecho de que clase tiene el poder en sus manos, que el ejército burgués es un ejército burgués y sigue siendo por tanto, un instrumento de opresión de la burguesía, aun cuando el gobierno sea un gobierno burgués no fascista, en el que participan incluso socialistas; y que, por tanto, la clase obrera no puede conceder armamentos y medios a tal ejército y a tal gobierno, si no quiere traicionar sus propios intereses de clase. En vez de explicar pacientemente a los obreros todo esto, el Partido Comunista de Checoslovaquia consintió manifestaciones inauditas como la que citamos más arriba.

Los camaradas se rindieron, manifiestamente, en este caso a las campañas de agitación del adversario. Este escribía en todos los tonos: «Si los comunistas son efectivamente partidarios de la defensa de la república, no tienen más remedio que votar el presupuesto del ejército. Pues ¿cómo de otro modo vamos a defender la república?». Y esto, visto superficialmente, parece lógico. Pero sólo si se mira superficialmente. La realidad es otra. El pueblo trabajador de Checoslovaquia quiere defender su país contra Hitler y los demás fascistas extranjeros. ¿Puede confiarse para esto en la burguesía? No puede, absolutamente no. No hablemos de la burguesía alemana y húngara, cuyas relaciones amistosas con Hitler y Horthy son harto conocidas. Hablemos de la burguesía checa y eslovaca. ¿No conspiran ya hoy con Henlein los Kramar, Strshibrny, Stoupal y Klinka, y no guiñan ya el ojo a Berlín? ¿No hay en el actual gobierno fuertes corrientes reaccionarias que abogan por la creación de un amplio bloque reaccionario que apoderándose del gobierno iniciaría una política interior y exterior a gusto de los Kramars, es decir, orientada hacia Berlín? ¿Acaso los partidos socialistas gubernamentales no impulsan estas aspiraciones reaccionarias con su política de colaboración de clases, su eterna capitulación ante la reacción y su repulsa contra el frente único? ¿Y no existe, como resultado de todo esto, el peligro de que los que hoy más claman acerca de la defensa de la república, un buen día vendan al Berlín de Hitler esta república con todos sus atributos, incluyendo, por tanto, el ejército? ¿Cómo puede el pueblo trabajador defenderse contra este peligro? No tiene, manifiestamente, más que un camino: concentrando sus fuerzas en un frente popular antifascista, oponiéndose a la burguesía dominante, aislando a ésta dentro del pueblo y dificultándole la posibilidad de abusar del poder armado contra los intereses del pueblo: es decir, sólo desplegando la lucha de clases contra la burguesía. Pero ¿qué significa, bajo las actuales condiciones, votar por el presupuesto militar del actual gobierno? Significa darle confianza a éste, renunciar a la lucha de clases, y en último término, poner incluso el destino de la independencia nacional en manos de quienes no son los llamados a defenderla.

Por tanto, precisamente porque abogamos realmente por la defensa de la república contra el fascismo de dentro y de fuera, no queremos votar al actual gobierno ni a la burguesía dominante recursos financieros para comprar armamentos; porque sabemos que, en manos de la burguesía, se emplearán algún día no sólo contra los intereses de clase, sino también contra los intereses nacionales del pueblo trabajador. Por eso decimos a los obreros y a todo al pueblo trabajador: que su lucha contra el fascismo de fuera no puede ser tampoco en el fondo, más que una lucha de clases contra su propia burguesía. Y una parte de esta lucha de clases contra la propia burguesía es la lucha por la democratización del ejército, para barrer de él los nidos del fascismo, para que los soldados obtengan todos los derechos de ciudadanía, para que el ejército se sienta animado en sus sectores fundamentales de espíritu combativo antifascista, para que el fascismo no logre abusar del ejército para los aventureros nacionales y extranjeros.

En la determinación de la actitud ante el gobierno, ante el Estado burgués y ante el ejército, acaso algunos camaradas se han dejado extraviar por las relaciones que actualmente median entre Checoslovaquia y la Unión Soviética. La Unión Soviética se halla en la actualidad unida a Checoslovaquia por un tratado de asistencia mutua. ¿Acaso esto hace cambiar las relaciones entre el proletariado y la burguesía dentro de Checoslovaquia? En modo alguno. Los intereses del proletariado soviético son los mismos del proletariado mundial. Sin embargó las formas y los métodos de su defensa pueden ser diferentes. La razón de esto está en que el proletariado de la Unión Soviética actúa y procede como clase dominante, y el proletariado de los demás países, por el contrario, como clase oprimida. En este caso concreto, el gobierno de la Unión Soviética firmó un tratado con la burguesía dominante de Checoslovaquia con el fin de prolongar la paz. Esto cae de lleno dentro del interés del pueblo trabajador de todos los países. Pero el proletariado oprimido de Checoslovaquia, no selló con la burguesía dominante de Checoslovaquia ningún pacto para asegurar, digamos, la paz civil. Y la burguesía dominante de Checoslovaquia no selló con el proletariado checoslovaco, ningún pacto de que ella no utilizará el ejército contra el proletariado. El interés del proletariado checoslovaco es, y sigue siendo, sacudir tan pronto como sea posible el yugo capitalista, lo mismo que el interés de la burguesía sigue siendo mantener en la servidumbre al proletariado de Checoslovaquia, explotarlo y oprimirlo. De donde se desprende: que la correlación de clases entre el proletariado y la burguesía de Checoslovaquia no cambia por efecto de un tratado del gobierno burgués checoslovaco con la Unión Soviética. Y esto se refiere también, naturalmente, al ejército, quien diga «nuestro» ejército, es decir, el ejército checoslovaco, es hoy un aliado del Ejército Rojo; por tanto, debéis aprobar el presupuesto militar, simplifica la cosa. No, la cosa no es tan sencilla.

El pueblo trabajador sólo puede confiar un ejército a un gobierno que sea un verdadero gobierno del pueblo. ¿Acaso lo es el actual gobierno de coalición de Checoslovaquia? Nada de eso; todo el mundo sabe que no lo es. Por eso la «amistad» con el Ejército Rojo no va tampoco muy allá. Fijémonos en un solo caso. El hecho de que un antiguo general en activo de Koltchak, el general Wojtzeehovsky, sea gobernador militar de Bohemia, es una prueba contundente de que el ejército checoslovaco no está dirigido y administrado en interés del pueblo, y es también una prueba contundente de que ese ejército no es «nuestro» ejército, es decir, el ejército del pueblo trabajador. Cuando hayamos conseguido que el ejército sea realmente nuestro ejército, el ejército del pueblo trabajador, el verdadero aliado del ejército rojo; entonces no tenéis más que mirar a la Unión Soviética y ver lo que el pueblo trabajador bajo la dirección de los bolcheviques es capaz de hacer en punto a su poder defensivo. Pero frente a vosotros caballeros, sigue en pie la vieja norma: «Ni un hombre ni un céntimo». (Klement Gottwald; Por la aplicación acertada de la línea del VIIº Congreso de la Komintern, 1936)

martes, 27 de diciembre de 2016

La política cobarde y reformista de los socialdemócratas favorece que las capas intermedias se echen a los brazos del fascismo


«Los jefes reaccionarios asustaban a los obreros socialistas con este argumento: el programa revolucionario y la política de los comunistas echan a los campesinos y a las capas medias de la ciudad en brazos del fascismo.  Que la colaboración de los socialistas con los comunistas no haría más que acentuar este peligro.

A esto replicamos: la verdad es todo lo contrario. Es la política de coalición de los partidos socialistas con la burguesía la que echa a los campesinos y a las capas medias de la ciudad en brazos de los demagogos fascistas. ¿Por qué? Porque los socialistas gubernamentales respaldan, apoyan y comparten los ataques de la burguesía contra los campesinos trabajadores y las capas medias de la ciudad, porque con ello se compromete toda la clase obrera a los ojos de estas capas intermedias, porque con ello estas capas medias pierden la fe en la clase obrera, se apartan de ella y se echan fácilmente en brazos del primer aventurero fascista que llega. En cambio, el restablecimiento de la unidad de acción de la clase obrera y la lucha en común no sólo por las reivindicaciones de los obreros, sino también por los intereses de los campesinos trabajadores y de la pequeña burguesía urbana, facilitarían la incorporación de estas capas sociales al movimiento de la clase obrera y la formación de un potente frente popular de todos los trabajadores contra el puñado de bandoleros capitalistas. A la demagogia fascista se la privaría de base con esto». (Klement Gottwald; Por la aplicación acertada de la línea del VIIº Congreso de la Komintern, 1936)

viernes, 15 de abril de 2016

Gottwald hablando de la dictadura del proletariado como parte intrínseca de la democracia popular


«Es natural que nuestro camino al socialismo, al igual que en otros países de democracia popular sea algo diferente de la forma en que fue en la Unión Soviética. Debía haber una diferencia entre la revolución del 1917 y la nuestra de 1945. Sin embargo, estas diferencias solo se refieren a la forma y no a la naturaleza del nuevo orden, que es un gobierno popular bajo la dirección de la clase obrera, que cumple la función de la dictadura del proletariado. Incluso Lenin ya explicó esta cuestión cuando dijo:

«Todas las naciones llegarán al socialismo, eso es inevitable, pero no lo harán del mismo modo; cada una de ellas aportará sus elementos peculiares a una u otra forma de la democracia, a una u otra variante de la dictadura del proletariado, a uno u otro ritmo de las transformaciones socialistas de los diversos aspectos de la vida social». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre la caricatura del marxismo y el «economismo imperialista», 1916)

Por lo tanto habría sido dogmático y un absurdo peligroso, haber hecho caso omiso a esa diferencia en el camino emprendido desde 1945. Pero por el contrario, hemos sido capaces de darnos cuenta y hemos sido capaces de responder a esas particularidades de forma adecuada, lo que nos ayudó entre otras cosas a terminar con la reacción burguesa en el interior en febrero de 1948.

Por otro lado hubiera sido una locura y un crimen si nos hubiéramos basados en esas diferencias, que era transitorias y poco a poco desaparecían, habiendo querido resaltarlas. Precisamente el uso amplio y profundo de la experiencia de la Unión Soviética y su ejemplo, es una de las principales leyes de desarrollo de las democracias populares como la nuestra. La aproximación al modelo soviético –en un país donde ya se ha confirmado la construcción del socialismo, nos ahorra una cantidad de dolor en el hallazgo, prueba y búsqueda de las vías para la construcción de eso mismo– es una garantía de éxito para nosotros, garantía de progreso en el camino al socialismo. Tal éxito es por ejemplo la adopción de unos nuevos estatutos en el Partido Comunista Checoslovaco que en líneas generales coinciden en sus puntos con el del Partido Comunista de la Unión Soviética.

A la inversa; intentar empujar al país y promover formas intermedias, publicándolas como especificidades e inmutables, rechazar el ejemplo y la experiencia soviética, solo conduce a la negación y a revertir la esencia misma de la democracia popular, a la restauración del capitalismo.

El leninismo nos enseña el uso versatil de la gran experiencia del primer país socialista y como llegar de las formas inferiores a las formas superiores de la sociedad socialista». (Klement Gottwald; Discurso en la apertura del Museo de Lenin, 21 de enero de 1953)

lunes, 1 de junio de 2015

Las líneas socialistas para Checoslovaquia anunciadas en el programa del IXº Congreso del Partido Comunista de Checoslovaquia de 1949


«
[10] El IXº Congreso del Partido Comunista de Checoslovaquia fue celebrado entre los días 25 y 29 de mayo de 1949. Fue uno de los congresos que sellaban irremediablemente el programa del partido y con ello del país hacía el socialismo. He aquí un resumen de lo esgrimido en el informe de Klement Gottwald sobre los deberes del país para tal fin:

«1) Debemos realizar el plan quinquenal de la economía no sólo en su aspecto cuantitativo, sino también en el cualitativo. Nuestra industria nacionalizada debe producir más, de mejor calidad y más barato que con los capitalistas. 2) Con simultaneidad al aumento del nivel de producción y a la reducción de los costos de producción, es necesario mejorar el abastecimiento de la población en artículos de consumo y alimenticios. Esta es, precisamente, la diferencia básica entre nuestro sistema de democracia popular y el sistema capitalista. Bajo el capitalismo, la producción puede experimentar crisis y paro, mientras que en nuestro país el aumento de la producción conduce a niveles de vida ascendentes para el pueblo trabajador. 3) Debemos desarrollar y fortalecer el sector socialista de nuestra economía nacional, restringir y eliminar los elementos capitalistas. Las empresas nacionalizadas y sociales deben desempeñar un papel cada vez mayar en nuestra vida pública, así como en la esfera del sistema de comercio y la distribución. Esta política no va dirigida contra los pequeños comerciantes, industriales y artesanos. 4) Debemos convertirnos en un ejemplo, y modelo visible en el campo, capaces de demostrar en la práctica a los campesinos pequeños y medios las ventajas de la agricultura socialista a gran escala. Es necesario aumentar considerablemente la red estatal de estaciones de tractores y máquinas. La alianza de la clase obrera con las principales masas de campesinos es necesaria para la transición del campo al socialismo. En los próximos años, el trabajo en el campo adquirirá aún mayor importancia. Surge, por lo tanto, el problema: sin la transición de nuestro campo al socialismo, el socialismo no puede ser construido en nuestro país, pero la transición del campo al socialismo no es posible sin la alianza de la clase obrera con las masas principales de campesinos pequeños y medios. 5) Es necesario, en el futuro, reforzar y mejorar nuestro aparato de Estado, de tal forma que pueda hacer frente a todas las tareas que surgen en la marcha hacia el socialismo. 6) La experiencia nos ha demostrado que, para la construcción del socialismo, el pueblo trabajador tiene que crear y educar su propia intelectualidad. Junto a la profundización de nuestra educación profesional, debemos educar a nuestra juventud, a nuestra nueva intelectualidad, en el espíritu de la concepción progresista del mundo, en el espíritu del materialismo dialéctico e histórico, en el espíritu del marxismo-leninismo. 7) El Frente Nacional reconstruido seguirá siendo la organización política de la alianza del pueblo trabajador de la ciudad y del campo en nuestra marcha hacia el socialismo. 8) No debemos olvidar por un minuto que, incluso después de la victoria de febrero de 1948, el camino al socialismo es un camino de lucha de clases. Aunque fue derrotada en febrero, la reacción no fue ni pudo haber sido completamente derrotada y liquidada. 9) Nuestra política exterior se dirige a la conservación de la paz, la seguridad y la independencia de nuestra República. También en este aspecto la línea de nuestra política es clara y precisa. Conocemos a los amigos en quienes podemos confiar. El primero de todos, nuestra gran liberadora y aliada, la Unión Soviética y nuestro gran amigo, el Generalísimo Stalin. 10) Finalmente, debemos desarrollar el poderío y la actividad de nuestro Partido Comunista de Checoslovaquia. No hay bastantes palabras para expresar la importancia del partido. Sin el partido, no habría existido ni la República democrática-popular, ni el victorioso febrero, ni la garantía de que no abandonaremos la ruta del socialismo. Hoy, el Partido Comunista de Checoslovaquia personaliza la unidad de nuestra clase obrera. Ejerce el papel dirigente en todas las esferas de nuestra vida social. Por esta razón, el partido y cada uno de nosotros tienen sobre sí aún mayores responsabilidades». (Klement Gottwald; Informe en el IXº Congreso del Partido Comunista de Checoslovaquia, 1949) (Anotaciones de Bitácora (M-L) a la obra de Klement Gottwald: Programa de acción del nuevo gobierno Checoslovaco, 1948)

sábado, 30 de mayo de 2015

Por el frente popular del trabajo, la libertad y la paz; Klement Gottwald, 1935

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

Este discurso, registrado en forma escrita, es otro documento excepcional para estudiar las estrategias y tácticas antifascistas marxista-leninistas planteadas en el VIIº Congreso de la Komintern de 1935, esta vez el autor de la obra es el checoslovaco Klement Gottwald, el cual, sería uno de los focos mediáticos durante esos años por la frágil posición en la que se colocó a Checoslovaquia frente a las posiciones imperialista y chovinistas de la Alemania hitleriana.

Este discurso, como otros de ese congreso, desmitifican dos groseros mitos:

1) Que los marxista-leninistas no defendieron ni querían defender la república burguesa ni los derecho obtenidos por la clase obrera frente al peligro del advenimiento de la dictadura terrorista abierta de la burguesía, o sea del fascismo, porque eran partidarios de la democracia soviética y la dictadura del proletariado;

2) Su variante opuesta, en la que se apoyaron trotskistas contemporáneos y futuros revisionistas: que los comunistas habían rechazado la revolución proletaria, la dictadura del proletariado, la democracia soviética y que defendían el reformismo, la dictadura de la burguesía, la democracia burguesa.

Como Gottwald expresa, los marxista-leninistas de entonces que ponían toda la esperanza para sacar a su país de los males del capitalismo –desempleo, inflación, desigualdad social, racismo, pauperización de las masas trabajadoras, diferenciación entre cuidad y campo, hambrunas, etc.–, en el deseo de emular el socialismo victorioso de la Unión Soviética que tantos aplausos cosechaba a nivel mundial –el cual había eliminado la mayoría de estos males–. No teniendo pues, razones para abandonar los principios del comunismo, es más, estos logros ayudaban a los partidos marxista-leninistas como el checoslovaco para persuadir a las masas reformistas, anarquistas, etc., de la limitación de su doctrina, y de la necesidad de virar hacia el comunismo.

Como es de esperar: se registran las particularidades de Checoslovaquia que nos permiten entender las peculiaridades de la táctica comunista checoslovaca, pero hay temas a tratar en el documento como; el frente único del proletariado –que afecta al trato con los partidos con masa de elementos obreros como los socialdemócratas como a los obreros sin partido–, el frente popular antifascista –que afecta al trato con partidos con elementos pequeño burgueses antifascistas como los agraristas–, la lucha por la preservación del país para la no participación en la próxima guerra imperialista –que se traduciría en miseria, opresión nacional y muerte para las masas trabajadoras–, la cuestión de las minorías nacionales –a las cuales el fascismo local aniquilaría– o el internacionalismo con otros países socialistas –y el apoyo a su política exterior– que sirven de lecciones para los marxista-leninistas de hoy.

Pese a que la táctica marxista-leninista antifascista reportara grandes avances en la lucha contra el fascismo local, no pudo evitar que el nazi-fascismo alemán invadiera Checoslovaquia –algo en lo que jugaron otros factores que se explicaran en los próximos documentos de Gottwald– y que apenas se lograra resistencia. 

Hay que añadir de igual modo, que la táctica del frente popular antifascista si tendría un mejor final diez años después, cuando las condiciones internacionales en la Segunda Guerra Mundial sonrieran a los comunistas checoslovacos. 

Esta vez con el auge de los comunistas como primera fuerza del país, la resolución de las tareas democrático-burguesas –medidas de carácter antifascistas, antifeudales, etc.– y el tránsito al socialismo no podrían ser interrumpidos por una intervención imperialista exterior como la de Alemania en 1938 y 1939, debido a que en 1945 la presencia del Ejército Rojo Soviético y el propio fortalecimiento y experiencia del aparato militar del Partido Comunista de Checoslovaquia durante la guerra daban un panorama completamente diferente. Aún así quedaba la cuestión de que si el partido comunista checoslovaco sería capaz de triunfar sobre sus adversarios nacionales, pero desde luego tenía garantías que la revolución no saltaría por los aires por una nueva intervención extranjera. También habría que tener en cuenta que los marxista-leninistas checoslovacos desarrollaron conforme el nazismo alemán retrocedía de su país, el nuevo poder popular de los comités nacionales –soviets– que suponía una mayor eficacia también a la hora de movilizar a la población trabajadora reprimir a la contrarrevolución interna.

A partir de 1945 el frente sirvió como plataforma para agrupar a las fuerzas políticas antifascistas donde el partido comunista ganó la hegemonía frente a otros partidos antifascistas, pero a posteriori durante la construcción del socialismo, el frente serviría para organizar las organizaciones sindicales, femeninas, de la juventud, etc., sirviendo como puente entre el rol dirigente de la sociedad: el partido comunista, y estas organizaciones de masas. Es decir, de las experiencias en la táctica de frente los años 30, se pudo llegar a las tácticas de los años 40 donde el frente sirvió para el fin del fascismo, la toma de poder, y la construcción socialista.

El documento:


Klement Gottwald

Por el frente popular del trabajo, la libertad y la paz

Camaradas:

No es accidental que el VIIº Congreso de la Komintern proceda en medio de una excepcional atención de todo el mundo, tanto amigos como enemigos.

Esto es a causa de que nosotros estamos discutiendo y solventando las cuestiones más urgentes que afectan la vida diaria de todos los trabajadores de cada país. Es a causa de que, después de seis años de insólita crisis económica en los países capitalistas, coexistiendo simultáneamente junto a la victoria del socialismo en una sexta parte del mundo, todos están deseosos de escuchar la voz de quienes han obrado «tal milagro», la voz de los bolcheviques. Es a causa, finalmente a que nuestro congreso señala que es lo más esencial, que es lo decisivo, que debe realizarse para la realidad de hoy, para que las masas trabajadoras de uno u otro país puedan crear los requisitos que les permitirán lograr mañana ese mismo «milagro». Como ejemplo de ello, nuestro VIIº Congreso de la Komintern ha colocado en el centro de la política de los partidos comunistas la tarea de crear una unidad de acción entre el proletariado y un frente popular a escala nacional e internacional contra la ofensiva del capital, contra el fascismo, por la paz y contra la guerra imperialista.

Es normal que esto inevitablemente haya obligado a despertar la atención de todos; entre las cuales debemos contar:

1º La rabia de los fascistas y sus cómplices en todos los países por el hecho de que los comunistas se esfuerzan por el frente único de todos los oponentes al fascismo, sin tener en cuenta las diferencias que les separan de los elementos del campo antifascista provenientes de la pequeña burguesía;

2º El miedo de todos los elementos fascistas e imperialistas que desean llevar a cabo guerras depredadoras con el objetivo de poder dividir de nuevo el mundo entre fuego y polvo a expensas de las pequeñas naciones y de la Unión Soviética;

3º Las ansiedad entre todos los líderes reaccionarios de la socialdemocracia, quienes, a pesar de que las masas trabajadoras han vislumbrado la más que adversa experiencia de la política de colaboración de clases, desean seguir con esta política, rechazando el frente único del proletariado y manteniendo así, la división entre las filas de la clase obrera;

4º La esperanza entre todos los que esperan, con razón, la realización de la unidad de acción del proletariado y del frente popular a una escala nacional e internacional, ellos que esperan no pasar el calvario por el que el pueblo alemán está atravesando en estos momentos.

jueves, 14 de mayo de 2015

Los marxista-leninistas hacen comprender a las masas que no pueden delegar en sus métodos para sus reivindicaciones a la mera lucha del parlamentarismo burgués

Fotografía de Klement Gottwald, uno de los más importantes dirigentes de la Komintern en los años 30, y Secretario General del Partido Comunista Checoslovaco desde 1929 a 1953

«
Cuan peligrosa es esta política –que consiste en sustituir la movilización independiente y las acciones de las masas por combinaciones parlamentarias–, se ve todavía más claro si enfocamos la cosa en el aspecto siguiente: los jefes reaccionarios del socialismo gubernamental basan su política de colaboración de clases en el siguiente engaño: los viejos medios de la lucha de clases –la huelga, las manifestaciones, el echarse a la calle, etc.– están anticuados. Hemos inventado medios de lucha de clases mucho más cómodos. ¡Obreros, votadnos en gran número para el parlamento, que tengamos muchos ministros, y estos se encargarán de librar por vosotros la «lucha de clases» desde arriba en los consejos de ministros! Podéis estaros tranquilos y no os dejéis perturbar y arrastrar a «acciones irresponsables», como lo son las manifestaciones y las huelgas; ya nos encargaremos nosotros de arreglarlo desde arriba, sin que vosotros necesitéis esforzaros ni arriesgar nada». Como es sabido, la clase obrera ha tenido y tiene todavía que pagar muy cara esta clase de política. Y no sólo porque con este modo de dirigir la «lucha de clases» el capital y la reacción han conseguido sus fines a costa del pueblo trabajador, sino también porque esta política ha sembrado y siembra la confusión en la conciencia de clase de las masas obreras, quebrantando su capacidad combativa. Naturalmente que la clase obrera debe utilizar todas las posiciones de que dispone en el parlamento, en los municipios, etc. Pero la fuente de donde tienen que tomar su fuerza los representantes de los obreros en estas instituciones y otras semejantes reside en la propia clase obrera, en sus organizaciones, en su capacidad de acción, en su voluntad de luchar de un modo efectivo por las reivindicaciones planteadas. Sin la movilización de las masas desde abajo, los mejores y más honrados representantes de la clase obrera en las instituciones burguesas están condenados a la impotencia. Por eso los comunistas no deben, en interés de la clase obrera, permitir que en su política se proyecte ni la sombra de aquella tendencia funesta a adormecer a las masas con la ilusión de que nada puede resolverse favorablemente para ellas «desde arriba», sin su acción independiente, sin su lucha de clases». (Klement Gottwald; Por la aplicación acertada de la línea del VIIº Congreso de la Komintern; Informe en el VIIº Congreso del Partido Comunista de Checoslovaquia, 1936)

¿Donde reside la fuerza de la clase obrera?; lucha de clases marxista-leninista vs colaboración de clases reformista

Desfile del 1 de mayo sobre la Plaza de Wenceslao, en Praga durante 1950. En primer plano, los retratos de Klement Gottwald y Iosif Stalin siguiendo el lema del 1 de mayo "Por la paz, la patria y el socialismo" y junto al emblema del Primer Plan Quinquenal

«La fuerza de la clase obrera no reside en las poltronas ministeriales de un gobierno de coalición. Por el contrario, con esto no se hace más que enterrar la fuerza de la clase obrera. ¿Como así? Imaginaos cuan cara tiene que pagar la clase obrera la participación de los socialistas en el gobierno de coalición con la burguesía. Para que les toleren en el gobierno, los socialistas gubernamentales tienen que respaldar, aprobar y compartir los ataques de la burguesía contra las masas trabajadoras, no deben permitir que la clase obrera se una para luchar contra el capital ni consentir que se defienda contra la ofensiva del capital y de la reacción. Dicho en otros términos: a cambio de unas cuantas poltronas ministeriales –de las que, por lo demás, la burguesía puede echarlos en todo momento sin ningún trámite–, los socialistas gubernamentales tienen que entregar a la clase obrera atada de pies y manos a la burguesía. No; la fuerza de la clase obrera no reside en las poltronas ministeriales de un gobierno burgués de coalición, sino que está en las fábricas, en las organizaciones de los trabajadores, en los pueblos, en la calle; está en la misma clase obrera. Y si esta fuerza se une, se despliega y se lleva a la lucha, si la clase obrera se desliga de todo lazo con la burguesía y mantiene una política de clase independiente, hará que se conmuevan profundamente las posiciones de la burguesía dentro de las demás capas trabajadoras, influirá también profundamente en el aparato de poder de la burguesía para hacer imposible el paso de ésta a la dictadura fascista». (Klement Gottwald; Por la aplicación acertada de la línea del VIIº Congreso de la Komintern; Informe en el VIIº Congreso del Partido Comunista de Checoslovaquia, 1936)

martes, 12 de mayo de 2015

Por la aplicación acertada de la línea del VIIº Congreso de la Komintern; Klement Gottwald, 1936

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Sacando sus propios análisis de los desarrollos del VIIº Congreso de la Komintern de 1935, e Partido Comunista de Checoslovaquia elaboró sus debates y conclusiones respeto a la estrategia a tomar en un país como el suyo donde la situación demandaba una respuesta a la creciente fascistización del país tanto por la amenaza interior de Konrad Henlein y exterior de Adolf Hitler. 

Los comunistas checoslovacos sabían que las condiciones objetivas les obligaba estrechar la lucha por el frente único del proletariado, y expandir este a una lucha general de las masas trabajadoras por el frente popular, teniendo la apremiante necesidad de movilizar a las masas para: la lucha contra la guerra imperialista y el creciente belicismo de los países fascistas, convencer a las masas populares que los destinos del país no se podían confiar ni en las clases explotadoras dirigentes del país ni de las otras democracias burguesas, a luchar contra los intentos de cargar a las espalda de los trabajadores las consecuencias de la crisis capitalista, etc. Pero si bien estas necesidades eran objetivas e ineludibles, existían otras que iban acompañadas de condiciones más subjetivas en Checoslovaquia y su partido comunista que debían ser solucionadas para hilar mejor el trabajo de la resolución de las condiciones objetivas antes citadas. Eso incluía seguir batallando por erradicar las viejas manifestaciones nacionales socialdemócratas, nacionalistas, economicistas, anarquistas, trotskistas, blanquistas, luxemburguistas, thälmannianas que llevaban a: la indiferencia sobre quién gobernase, delirios espontaneistas, la carencia de análisis de clase sobre los acontecimientos; la autocomplacencia con el mínimo labor entre las masas, el desprecio por la ignorancia de éstas, el rebajar el rol del partido en el frente, el comprender que las acciones conjuntas con otros partidos o miembros sin partido no comunistas presupone la crítica a sus conceptos y prejuicios, a la lucha sin piedad contra sus recalcitrantes líderes oportunistas, etc. Es decir a desviaciones izquierdistas como derechistas, unas tradicionales, otras de moda.

En especial estas últimas desviaciones derechistas que podían surgir conforme se avanzara en la resolución de las necesidades objetivas más apremiantes. Esto ya fue adelantado por el propio Georgi Dimitrov en su brillante y ya «mítico» informe del 2 de agosto:

«Tenemos que fortalecer por todos los medios nuestra atención vigilante y nuestra lucha contra el oportunismo de derecha y contra todas sus manifestaciones concretas, teniendo en cuenta que el peligro de este oportunismo crecerá, a medida que se vaya desplegando un amplio frente único. Ya existen tendencias a rebajar el papel del partido comunista en las filas del frente único y a reconciliarse con la ideología socialdemócrata. No se debe perder de vista que la táctica del frente único es un método para persuadir palpablemente a los obreros socialdemócratas de la justeza de la política comunista y de la falsedad de la política reformista, y no una reconciliación con la ideología y la práctica socialdemócratas». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo: Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

También lo relató así la resolución discutida por los partidos de la Komintern sobre este informe:

«Los comunistas deben incrementar su vigilancia y guardarse del peligro de del oportunismo de derecha, y deben continuar una determinada lucha contra todas estas concretas manifestaciones, teniendo en cuenta el peligro del oportunismo de derecha crecerá donde las tácticas del frente único sean aplicadas. La lucha por el establecimiento del frente único, de la acción conjunta de la clase obrera, alza como necesario que los obreros socialdemócratas se convenzan a través de las lecciones objetivas de la correcta política de los comunistas y la incorrecta política reformista, y que cada partido comunista prosiga  una lucha irreconciliable contra cualquier tendencia que rebaje las diferencias entre de principio entre el comunismo y el reformismo, contra rebajar la crítica de la socialdemocracia como ideología y práctica de colaboración de clases con la burguesía, contra la ilusión de que es posible transitar al socialismo pacíficamente, por métodos legales, contra cualquier realización basada en el automatismo y la espontaneidad, en la organización de la liquidación del fascismo o en la realización del frente único, contra cualquier menosprecio del rol del partido y contra la vacilación en los momentos de decisiva acción». (Komintern; Resolución final emitida por el VIIº Congreso de la Komintern respecto al informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de agosto de 1935)

Todo ello podía dar lugar en el caso checoslovaco, a que si no se comprendían o no se querían comprender las claras directrices del partido a: (1) Voltear al partido y sus miembros hacia la creencia que la etapa antifascista es una etapa inmutable de ahora en adelante y hasta el fin de la humanidad; (2) A que se podía conciliar compromisos con el partido socialdemócrata sin exigir el fin a su política de colaboración con la burguesía, sin criticar a los líderes que lo practican; (3) A que se puede y deben establecerse sucesivos acuerdos temporales que obran en contra de los intereses de clase; (4) A que se desarrolla la creencia de que el frente popular antifascista y la alianza con sus partidos debe de ser el eje de una nueva «sociedad socialista» multipartidista; (5) A que se puede lograr congeniar con el desarrollo del pensamiento socialdemócrata, reformista, en definitiva el liberalismo ideológico; el comienzo de la defensa de la «democracia burguesa» como un nuevo axioma para el marxismo-leninismo inalterable de la situación y correlación de fuerzas; (6) A que la «lucha de clases» se reduce a actividades meramente parlamentaria por poltronas ministeriales; (7) A que se debe evitar la atenuación de las contradicciones de clase y se acaba en un miedo a transgredir la «alianza antifascista» una vez iniciado el tránsito al socialismo, el seguidismo o más bien «borreguismo» a cualquier «táctica pragmática»; (8) A que es posible un «tránsito» pacífico al socialismo por medio de los cauces legales del sistema político burgués y respetando sus instituciones. 

Estas cuestiones y otras particulares es lo que el autor Klement Gottwald relata en el VIIº Congreso del Partido Comunista de Checoslovaquia que hay que evitar, y así lo explica a sus militantes cuando habla de luchar por «la aplicación acertada de la línea del VIIº Congreso de la Komintern» señalando algunos errores que el partido había permitido, es pues, una vez más un documento que muestra un ejercicio de crítica y autocrítica bolchevique.

Esto también nacía tanto de las enseñanzas que siempre implementó hasta su muerte el marxista-leninista checoslovaco Klement Gottwald en su querido partido, como también de las enseñanzas que su buen amigo Georgi Dimitrov siempre enseño a todos los comunistas del mundo, y de las cuales el checoslovaco siempre hizo suyas:

«El desarrollo de la crítica y autocrítica concreta y constante en el partido, y el descubrimiento de las insuficiencias en nuestro trabajo, tienen que ser también nuestra preocupación constante y primordial después del congreso, en todos los eslabones del partido, de abajo a arriba, y de arriba a abajo. No debemos olvidar nunca que la mayor sabiduría para el verdadero comunista es reconocer y comprender oportuna, honrada y sinceramente el error cometido, descubrir con audacia las causas que engendraron el error, y tener la voluntad inquebrantable de eliminarlo y corregirlo rápida y despiadadamente. En el partido y en todos los dominios de nuestra vida debemos liberarnos de modo definitivo de la costumbre nociva de no señalar concretamente los errores por temor a alterar nuestras relaciones de amistad o parentesco, causar fastidio a alguien o crearnos disgustos personales. Tenemos que fustigar implacablemente todo espíritu de familiaridad al resolver problemas del partido y del Estado. Los intereses del partido, de la clase obrera, del pueblo, tienen que colocarse por encima de toda clase de consideraciones y prejuicios pequeño burgueses». (Georgi Dimitrov; Informe en el Vº Partido Obrero (comunista) Búlgaro, 18 de diciembre de 1948)

El documento:

Klement Gottwald

Por la aplicación acertada de la línea del VIIº Congreso de la Komintern


En las regiones alemanas de Checoslovaquia comienza a presentarse la pelagra, una enfermedad del hambre. La cifra de obreros parados confesada oficialmente era en diciembre, en números redondos, de 800.000; es decir, considerablemente más alta que en diciembre de 1934. Y a estos dos hechos realmente alarmantes dicen por sí solos tanto como volúmenes enteros en lo tocante a la situación extraordinariamente seria del pueblo trabajador de Checoslovaquia, y son graves acusaciones contra el régimen dominante en la actualidad. Y cuando hoy los partidos del gobierno hablan de la «catástrofe nacional», hay que decirles con toda claridad: «Vosotros sois los culpables, los mayores culpables». Stoupal, Deran y Vrany, del Partido Agrario gobernante, continuaron sus manejos secretos con los oposicionistas reaccionarios Stribrny, Kramarge, Henlein y Klinka. Y el bloque reaccionario-fascista, creado en diciembre del año pasado y que se deshizo temporalmente en las elecciones presidenciales, comienza a formarse de nuevo, directamente delante de las narices de los socialistas gubernamentales. Hay que contar en días muy próximos con nuevos ataques de la reacción fascista, que trabaja, consciente de sus fines, por la toma de todo el poder y por ajustar las cuentas al movimiento obrero en su totalidad. Los esfuerzos de los reaccionarios y fascistas genuinos dentro y fuera del gobierno, encaminados a la instauración de la dictadura fascista en nuestro país, van unidos a las aspiraciones de cambiar el rumbo de la política exterior de Checoslovaquia, rompiendo los lazos con la Unión Soviética y vinculándose al Berlín fascista, pasándose del frente de la paz al frente de la guerra.

Aquí es donde residen los mayores puntos de contacto entre los distintos grupos de la reacción fascista, sin distinción de nacionalidad. Aquí es donde los patriotas checos Kramarge y Vrany se ponen más fácilmente de acuerdo con el «enemigo eterno», con los Henleins y Brandits, y los eslovacos «fieles a su raza» Klinka y Sidor, con los «Uriemberek», conde Eszterhazy y Szent-Iwany.

Existe un peligro candente en los Sudetes; un aumento del paro forzoso en toda Checoslovaquia; la concentración y agrupación de fuerzas de la reacción fascista para la batalla decisiva contra todo lo que es proletario y progresivo; peligro de que Checoslovaquia se vea arrastrada por la reacción fascista al frente de guerra acaudillado por Hitler, son todos hechos y peligros muy serios que se plantean hoy al pueblo trabajador de Checoslovaquia. Hechos con los que es imposible resignarse, peligros contra los que es necesario luchar, y, además, inmediatamente, hoy mismo, todos los días. Y en esta lucha debe establecerse inmediatamente el frente único de todos los obreros y organizaciones obreras, al igual que un amplio frente popular de todas las capas del pueblo trabajador de la ciudad y el campo, pues sólo así podrá desviarse el peligro que amenaza, sólo así se podrán aniquilar los ataques del capital y de la reacción fascista y sentar las premisas para un potente contraataque. Si el establecimiento de la unidad de acción del proletariado y el de un amplio frente popular en la lucha contra la ofensiva del capital, el fascismo y la guerra, es interés vital de todos los trabajadores, sin distinción de tendencia política, es evidente que hay que superar y eliminar cuanto se oponga a la realización de esta gran obra.

jueves, 5 de febrero de 2015

Los marxista-leninistas no deben contentarse simplemente con tomar el poder, sino que deben además demoler la máquina estatal burguesa

Representación de las milicias obreras comunistas checoslovacas durante febrero de 1948

«
Los marxista-leninistas checoslovacos hablaban así de la necesidad de junto al hecho de establecer la dictadura del proletariado, crear el poder soviético –la red de comités nacionales como se llamaban en Checoslovaquia– como los medios de organización estatal para el proletariado y el total de las masas explotadoras para romper con la vieja máquina del Estado burgués:

«Es por lo tanto una tesis fundamental del marxismo que la dictadura del proletariado es la continuación de la lucha de clases bajo nuevas formas y que el Estado es un instrumento del proletariado en su lucha de clases; lo que significa que hay que responder a estas nuevas tareas de la dictadura del proletariado con nuevas formas de organización del proletariado, del poder estatal, porque las viejas formas que fueron creadas sobre la base del parlamentarismo burgués, no bastan para estas tareas. Stalin dijo: «esta nueva forma de organización del proletariado son los soviets». Los soviets son el poder estatal más democrático, porque son la organización directa de las masas populares. Es la organización del poder estatal que asegura la participación constante, indispensable y también decisiva del pueblo en la administración democrática del Estado. Y es así porque esta organización del poder estatal posibilita combinar las ventajas del parlamentarismo con las de la democracia, es decir, unir en la persona del representante electo del pueblo tanto las funciones legislativas como las ejecutivas. Esto significa –en comparación con el parlamentarismo burgués– un paso adelante en el desarrollo de la democracia, un paso que tiene una importancia mundial e histórica. Esta forma de organización del poder público, este sistema estatal asegura no solo control sobre la administración del Estado, sino que además es también una escuela en la que el pueblo trabajador aprende a dirigir el Estado y la producción. Para consolidar la dictadura del proletariado es necesario que el pueblo trabajador acumule experiencia política y que la ejercite en la práctica». (Josef Horn; Discurso en la Asamblea Nacional de la República de Checoslovaquia, 17 de mayo de 1950)

Esto cumplía con el requisito para crear el Estado socialista, como Estado transitorio hasta la «sociedad sin clases», el comunismo:

«Para derrocar al capitalismo, hubo necesidad, no sólo de eliminar a la burguesía del poder, no sólo de expropiar a los capitalistas, sino también de demoler totalmente la máquina estatal de la burguesía, su viejo ejército, su burocracia, su policía, y colocar en su lugar un nuevo sistema estatal, el sistema estatal proletario, el nuevo Estado socialista». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Informe en el XVIIIº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 10 de marzo de 1939) (Anotaciones de Bitácora (M-L) al documento: Klement Gottwald; Programa de acción del nuevo gobierno Checoslovaco, 1948)

domingo, 2 de noviembre de 2014

El tránsito al socialismo tiene axiomas básicos que requieren que cumplan todas las experiencias revolucionarias

Milicias armadas del Partido Comunista de Checoslovaquia, durante los eventos de febrero de 1948

«Pese a las desviaciones de izquierda y derecha históricas del partido durante los años treinta y cuarenta, lo cierto es que sobre todo tras la victoria de febrero de 1948 el partido comprendió definitivamente de que no hay término medio posible entre el camino revolucionario y el reformista, que las condiciones específicas de Checoslovaquia no alteran en lo más mínimo las tareas que su proletariado debe realizar para conducir a la sociedad sin clases explotadoras del socialismo y posteriormente a la sociedad sin clases del comunismo:

«Aunque somos conscientes de las diferentes condiciones en las que la democracia popular está construyendo el socialismo, es decir, cuando nos damos cuenta del equilibrio cambiante de fuerzas en el mundo a favor del socialismo, por el hecho de que la Unión Soviética y el resto de democracias populares pueden proporcionarnos asistencia económica, diplomática y  de otro tipo, aún así hay un principio inmutable: la identidad de nuestro viaje al camino de la Unión Soviética consiste en pasar por la industrialización socialista, la colectivización socialista, la agudización de la lucha de clases, la liquidación de las clases explotadoras, la alianza de la clase obrera con el campesinado trabajador, mientras que el papel principal de la alianza lo cumple la función de la clase obrera y la gestión de su partido comunista». (Josef Horn; Discurso en la Asamblea Nacional de la República de Checoslovaquia, 17 de mayo de 1950) (Anotaciones de Bitácora (M-L) al documento: Klement Gottwald; Programa de acción del nuevo gobierno Checoslovaco, 1948)

sábado, 27 de septiembre de 2014

Los marxista-leninistas checoslovacos sobre el carácter del Estado de democracia popular; Equipo de Bitácora (M-L), 2014

Obreros checoslovacos durante 1948

«[Febrero de 1948] También supuso, como decíamos, una lección nacional, que junto a otras de carácter internacional como habían sido la Kominform y la crítica a las desviaciones de ciertos partidos en septiembre de 1947, la cuestión del revisionismo yugoslavo en junio de 1948, o los informes de Georgi Dimitrov al Vº Congreso del Partido Obrero (comunista) Búlgaro y el Informe de Bolesław Bierut al Iº Congreso del Partido Obrero Unificado Polaco, ambos en diciembre de 1948, hizo avanzar el nivel teórico de los marxista-leninistas checoslovacos sobre cuestiones como la democracia popular, su carácter, y demás:

«Hoy en día es evidente en todas partes que la democracia popular es un tipo de Estado proletario, y el Estado del período de transición del capitalismo al socialismo, que es una forma de la dictadura del proletariado, una de la gran abundancia y variedad de formas políticas, que como dice Lenin pueden existir en la transición del capitalismo al comunismo. Por eso el Estado de democracia popular se caracteriza, tal como se expresó Georgi Dimitrov en su informe en el Vº Congreso del Partido Obrero (comunista) Búlgaro de diciembre de 1948, como que: «(a) La democracia popular representa el poder de los trabajadores, de la inmensa mayoría del pueblo, bajo la dirección de la clase obrera. (b) La democracia popular aparece como un Estado del periodo transitorio, llamado a asegurar el desarrollo del país por la vía del socialismo. (c) El Estado de democracia popular se edifica en colaboración y amistad con la Unión Soviética, con el país del socialismo. (d)  La democracia popular forma parte del campo democrático y antiimperialista. La democracia popular realiza las mismas funciones que ejerció el Estado soviético en la primera fase de su desarrollo. Esto significa la supresión de la resistencia de las minoría de las clases explotadoras derrocadas y hacerlo mediante la participación de la mayoría de las clases explotadas, para proteger al país de ataques externos, llevando a cabo el trabajo económico-organizativo y cultural-educativo». (Horn; Discurso en la Asamblea Nacional de la República de Checoslovaquia, 17 de mayo de 1950)

Así se hablaba de la necesidad de la dictadura del proletariado para el paso del capitalismo al comunismo, periodo conocido como socialismo dónde no cesa la lucha de clases:


«El marxismo-leninismo se basa además en el hecho de que para transformar la sociedad capitalista en la sociedad comunista no puede llevarse tal transformación de una, por lo que, para dar paso a este cambio se produce necesariamente a través de un Estado revolucionario que en dicha época de transición no puede ser otra cosa que la dictadura revolucionaria del proletariado. Bajo esta dictadura del proletariado dice Stalin: (1) se utiliza el poder del proletariado para reprimir a los explotadores, para defender al país, para el fortalecimiento de las relaciones con los proletarios de otros países, para dar rienda suelta a una victoria de la revolución en todos los países; (2) se usa del poder del proletariado para lograr la separación definitiva de las masas trabajadoras y explotadas de la burguesía, para consolidar a las masas trabajadoras junto al proletariado, para asegurar la incorporación de las masas en la construcción del socialismo bajo la dirección de las masas del proletariado en la organización del Estado; (3) se usa el poder del proletariado para construir el socialismo, la abolición de las clases, la transición a una sociedad sin clases a una sociedad sin Estado. Es, por tanto, una tesis esenciales del marxismo, que la dictadura del proletariado es la continuación de la lucha de clases en las nuevas formas y que el Estado proletario es un instrumento del proletariado en su lucha de clases». (Josef Horn; Discurso en la Asamblea Nacional de la República de Checoslovaquia, 17 de mayo de 1950) (Anotaciones de Bitácora (M-L) a la obra de Klement Gottwald: Programa de acción del nuevo gobierno Checoslovaco, 1948)

sábado, 20 de septiembre de 2014

Programa de acción del nuevo gobierno Checoslovaco; Klement Gottwald, 1948

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«Que nadie se deje engañar si esas gentes han repetido de cuando en cuando incluso que, por ejemplo, ellos no tenían intención de abolir la nacionalización, que la alianza con la Unión Soviética está fuera de toda discusión, y así sucesivamente. Ese es el procedimiento de cada contrarrevolución. Cada contrarrevolución no habla de sus objetivos finales y no muestra sus cartas sino progresivamente. La contrarrevolución quiere siempre en primer lugar el paso del poder a su favor, es del poder de lo que se trata simplemente para ella. Hacerse dueña del poder; eso significa para ella una victoria total. Con ello recupera la libertad para ejecutar sus planes contrarrevolucionarios hasta el fin. Lo mismo sucedió en el caso checoeslovaco». (Klement Gottwald; Programa de acción del nuevo gobierno Checoslovaco, 10 de marzo de 1948)


Introducción de «Bitácora (M-L)»

El siguiente documento, de los pocos que hemos podido obtener, se centra en explicar el proceso de la democracia popular y el tránsito al socialismo en Checoslovaquia.

Uno de los momentos, sin duda, más interesante de la historia de la Checoslovaquia fueron los acontecimientos de febrero de 1948. La historiografía burguesa, ha intentado como en otras ocasiones, deformar los hechos. Se ha intentado catalogar los hechos de febrero como un golpe de Estado comunista, que liquidaba la democracia burguesa. No obstante, la historia es bastante diferente por varias causas:

–Primero porque no era una república burguesa al uso, sino una democracia popular dónde los comunistas ya tenían el liderazgo, en donde no había posibilidad de votar a partidos fuera del Frente Nacional;

–Segundo, porque la crisis no fue provocada por los comunistas, que simplemente seguían aplicando sus medidas económicas programadas en el programa de 1946 del Frente Nacional, sino por la reacción que no podía soportar por más tiempo las políticas del gobierno que afectaba su propia existencia.

Cierto es, que los comunistas checoslovacos habían tenido un partido muy combativo durante los años treinta, con bastante influencia entre las masas trabajadoras, incluso en las elecciones burguesas se reflejaba su poderío. En las elecciones parlamentarias de mayo de 1935 fue el cuarto partido más votado, con un 10%, quién sacó el mayor número de votos en esas elecciones fue el partido nazi de Konrad Helein conocido como el Partido Alemán de los Sudetes con un 15%, y aunque las elecciones burguesas no muestran nunca el poder real del partido comunista en la sociedad y en las masas trabajadoras, era igualmente un dato bastante indicativo.

martes, 5 de agosto de 2014

Los marxista-leninistas somos partidarios de la democracia proletaria pero no menospreciamos la democracia burguesa ante el advenimiento del fascismo


«Todo el mundo sabe que nosotros, los comunistas, somos partidarios de la democracia soviética, de la democracia proletaria; de esta democracia que es mientras existan clases, la más amplia, es la que mejor responde a los intereses del pueblo trabajador. Por esta democracia luchamos nosotros. Pero si la democracia burguesa, si los derechos democráticos que esta democracia concede al pueblo trabajador y que el pueblo trabajador hubo de arrancar luchando duramente, se ven atacados por el fascismo, somos, naturalmente, partidarios de la defensa de estos derechos democráticos. Y si queréis que llamemos a esto defensa de la democracia, llamémoslo. Acerca del nombre que hayamos de darle, no vamos a discutir. Pero si nuestra favorable actitud hacia la democracia soviética supone un obstáculo para establecer juntos una lucha contra el peligro de amenaza fascista sobre la democracia burguesa, me gustaría explicar este punto de vista hacia los miembros de vuestro partido con la siguiente comparación:

Imaginemos a dos hombres encadenados. Uno de ellos «sólo» encadenado de pies; éste hombre vive bajo las condiciones de la democracia burguesa. El otro es encadenado de manos y pies y tiene una mordaza en la boca; este vive bajo las condiciones de la dictadura fascista. El primero de ellos se ve amenazado con caer en el peligro del segundo. Un comunista se acercaría y le dirías: «no permita que usted sea encadenado del todo, debemos agruparnos para luchar conjuntamente frente a este peligro». Un líder checoslovaco de la socialdemocracia, un opositor del frente único, empezaría a formular respuestas: «primero de todo se debe reconocer que es correcto que te encadenen los pies. Usted nunca debe demandar que se desencadenen dichos pies». Pero en contraste con esto, los comunistas aconsejan al hombre que «sólo» está encadenado de pies: «¿con qué fin, de todos modos, crees que te mantienen las manos libres? ¿sólo para que el esclavo trabaje con ellas para el maestro? ¿no se le ha ocurrido a usted que también esta libertad permite ser utilizada para quebrar los grilletes que encadenan los pies y coronar así el ser por fin libres completamente?». (Klement, Gottwald; Por el frente popular del trabajo, la libertad y la paz; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 7 de agosto, 1935)

miércoles, 12 de marzo de 2014

Un ejemplo de porqué bajo un Estado regido por la burguesía, la causa nacional nunca estará asegurada cuando ésta es presionada por otros imperialismos y pone en jaque la propia independencia del país

Cartel de Partido Comunista de Checoslovaquia con la imagen de Klement Gottwald que proclama: «Con el acero de Ostrava ponemos los cimientos de la construcción del socialismo»

Anotación de Bitácora (M-L): La siguiente cita son reflexiones de Gottwald antes de los acuerdos de Munich de 1938 entre Reino Unido, Francia, Italia y Alemania, sobre los sudetes checoslovacos –región con población alemana–, existiendo un pacto militar de ayuda a Checoslovaquia por parte de Francia y la Unión Soviética en caso de invasión del exterior del país centroeuropeo:

«El pueblo trabajador de Checoslovaquia quiere defender su país contra Hitler y los demás fascistas extranjeros. ¿Puede confiarse para esto en la burguesía? No puede, absolutamente no. No hablemos de la burguesía alemana y húngara, cuyas relaciones amistosas con Hitler y Horthy son harto conocidas. Hablemos de la burguesía checa y eslovaca. ¿No conspiran ya hoy con Henlein los Kramar, Strshibrny, Stoupal y Klinka, y no guiñan ya el ojo a Berlín? ¿No hay en el actual gobierno fuertes corrientes reaccionarias que abogan por la creación de un amplio bloque reaccionario que apoderándose del gobierno iniciaría una política interior y exterior a gusto de los Kramars, es decir, orientada hacia Berlín? ¿Acaso los partidos socialistas gubernamentales no impulsan estas aspiraciones reaccionarias con su política de colaboración de clases, su eterna capitulación ante la reacción y su repulsa contra el frente único? ¿Y no existe, como resultado de toda esto, el peligro de que los que hoy más claman acerca de la defensa de la república, un buen día vendan al Berlín de Hitler esta república con todos sus atributos, incluyendo, por tanto, el ejército? ¿Cómo puede el pueblo trabajador defenderse contra este peligro? No tiene, manifiestamente, más que un camino: concentrando sus fuerzas en un frente popular antifascista, oponiéndose a la burguesía dominante, aislando a ésta dentro del pueblo y dificultándole la posibilidad de abusar del poder armado contra los intereses del pueblo: es decir, sólo desplegando la lucha de clases contra la burguesía». (Klement Gottwald; Por la aplicación acertada de la línea del VIIº Congreso de la Komintern; Discurso pronunciado ante el VIIº Congreso del Partido Comunista de Checoslovaquia, 1936)

Anotación de Bitácora (M-L) Lecciones finales a extraer por Gottwald tras los acuerdos capituladores de Múnich –que entregaban a Alemania los sudetes– de 1938, y la posterior invasión total de Checoslovaquia por la Alemania, Hungría y Polonia, la no aplicación del acuerdo militar con Checoslovaquia en su defensa y el rechazo de la ayuda militar soviética por parte del gobierno checoslovaco ante el ataque alemán; seguido también de la proclamación de independencia bajo tutela alemana de Eslovaquia en 1939; después de la liberación de Checoslovaquia por el Ejército Rojo de la Unión Soviética en 1945; y tras la toma total del poder por el Partido Comunista de Checoslovaquia en el país durante 1948:

«Los grandes y poderosos dirigentes de la República de antes de Múnich, han afirmado todavía que sólo ellos eran los llamados a dirigir y administrar de una manera justa los asuntos nacionales de los checos y de los eslovacos, así como los asuntos de Estado de Checoeslovaquia. Que únicamente bajo su dirección nuestras naciones podrían tener garantizadas su libertad nacional y su independencia. Sin embargo, los resultados de la hegemonía de la gran burguesía eran, precisamente en esos asuntos vitales para la nación y para el Estados, los más trágicos, los más horrorosos y los más desastrosos. Para mantener su régimen de clase y sus privilegios la burguesía checa y eslovaca se asoció primeramente con los enemigos interiores de la República, con los fascistas alemanes y húngaros. Por las mismas razones egoístas de clase, la gran burguesía checa y eslovaca capituló en la época de Múnich y rehusó la ayuda militar ofrecida a Checoslovaquia por la Unión Soviética. Y de nuevo, en interés de las cajas de caudales y de sus bienes, los magnates checos y eslovacos sacrificaron la causa nacional, y el 15 de marzo de 1939, aceptaron el vergonzoso protectorado y la separación de Eslovaquia de los países checos, y se pusieron completa y abiertamente al servicio de Hitler, mientras sabían que, obtenida la victoria, la Alemania hitleriana, estaba decidida a dispersar los checos y los eslovacos y a arrumar su nación. De esta forma, la gran burguesía checa y eslovaca, no se ha mostrado como buena administradora, sino como traidora miserable de la causa nacional y republicana». (Klement Gottwald; Programa de acción del nuevo gobierno checoslovaco, 1948)